Escaleras

Era un bebé cuando pisé el primer escalón, pues mi chupete allí estaba, casi sin darme cuenta pasé al segundo jugando con mi coche tele-dirigido, ese Action Man olvidado.
El tercer peldaño, ¡qué importante! esa libreta, cuadernillo, mi primera multiplicación, había empezado preescolar.
La primera fiesta, tu primera relación, todas en el cuarto escalón estaban.
Ese quinto peldaño, fue cuando el matrimonio alcancé, celebrándolo junto con Rocky, el primer inquilino de mi casa.
Ojos azules cristalinos tenía mi niña,, se parecía a su madre, este era el mejor escalón, el sexto de esta larga escalera.
Siete escalones llevaba ya cuando compré el chalet en la calle Alcalá para dar la bienvenida al octavo escalón, lugar de nacimiento de mis nenes, Jorge y Samuel, mellizos y completamente diferentes.
Este escalón es el peor para mí, mi abuela falleció, esa muleta, sus gafas, ese crucifijo, que recuerdos me traían, todos ubicados en el noveno escalón.
Pero, por fin llegué al décimo escalón, mi niña llegaba al instituto, parecía mentira, ya era toda una mujercita.
No mucho después, en el escalón número once estaban esos diplomas, la graduación de los mellis llegó.
Como si volver al pasado consiguiese, en este duodécimo escalón, el nacimiento de mi nieta, era igual que su madre, con su blanca piel y sus ojos azules.
Pero se va teniendo ya una edad y en el escalón trece llegó la jubilación ¡por fin conseguí llegar a ese momento que tanto esperé!
Poco después del trece llegaron el catorce, el quince y el dieciséis, momentos aburridos de mi vida, la jubilación me estropeó la vida.
Me voy despidiendo pues en el décimo séptimo escalón estaba, mi último aliento, mirada, la puerta estaba ya aquí.

                          José Manuel Gómez Rubio  4º ESO-B


            Se hacen muchas comparaciones que se refieren a la escalera. Está la clásica de la clase de mates del cole, la escalera de medidas para saber si tienes que pasar del kilómetro al metro, del hectómetro al centímetro, etc...
            Hay mucha gente que compara las emociones con una escalera, porque parece que has subido si estás contento o has bajado si estás triste.
             Se dan situaciones en la vida que parecen una escalera mecánica. Por ejemplo cuando estás haciendo un examen, tienes que poner todo lo que sabes o de lo que te acuerdes, y si lo entregas, ya no hay marcha atrás.
             La que más gracia me hace es la de mi madre, que compara la escalera con un aparato de gimnasia porque si tiene que limpiar mi habitación o algún cuarto de baño que esté arriba,
tiene que subir, si tiene que arreglar el salón tiene que bajar,
así es que se pasa toda la mañana subiendo y bajando escaleras.
             Cuando yo he empezado a hacer mi redacción he dicho pero, ¿con qué se puede comparar una escalera? Y mientras estaba escribiendo una, se me estaba viniendo a la cabeza otra, y me han salido muchísimas comparaciones.

                                                                       Rafael Pino Díaz    4ºB


    Me han dicho que hable de las escaleras así que allá voy... ¿Qué contar de una escalera? Que sirven para subir y bajar. Tan difícil de subir para algunos y tan fácil de bajar para otros. Son una ayuda y a la vez un peligro. A veces esos pequeños huecos elevados pueden hacerte mucha pupita... desde romperte un pie hasta lo peor. Pueden salvarte hasta la vida, ¡que me lo digan a mí!, diría un bombero... Si lo piensas bien dices... ¿qué hombre en su casa estaría tan aburrido para crear semejante cosa? Lo malo no es que te mates no te mates, subas no subas no..., lo curioso de esto es que no hay sólo de un tipo, no, qué va... ¡No podía estarse quieto el hombre que las inventó! De mano, de incendios, mecánicas... Ayudan al fin y al cabo, y una ayuda no le viene mal a nadie ¿Me equivoco?

                                                  Víctor Carrión Menchero 1º ESO-B



YO, ESCALERA

Me siento que pesan

los pasos, todo el 
día subiendo y bajando.

La gente me pisa 
y yo sin quejarme 
aguantando y aguantando. 

La gente me pisa 
subiendo y soportando el dolor 
en todos mis cantos. 

Cuando llega la noche 
sin gente subiendo y bajando 
me siento feliz con tanto descanso.

María Ledo Bernet 4ºESO- B


    Yo salí corriendo para ver qué había pasado. Caiste por veinte escalones. Inconsciente. “Cuidado con las escaleras que están recién fregadas”.

Francisco Cortés Cerrato 4ºESO- B



Las malditas escaleras

        Aquella casa daba un aspecto raro. Desde hacía años, nadie la alquilaba ni la compraba por culpa de una maldición: todos los que la compraban o alquilaban morían bajando sus escaleras.
      Llegó a la ciudad un estudiante que necesitaba temporalmente una vivienda. Nadie de allí se la recomendó, pero un día hizo un recorrido por todo el lugar y casualmente pasó por allí. Leyó el cartel y rápidamente llamó al casero por teléfono. Después de enseñarle toda la casa, el chico aceptó. Al sacar los muebles del camión de mudanzas, la vecina le dijo que no iba a ser buena idea convivir con aquella maldición. Él, no hizo caso y volvió a entrar.
             Aquella noche, no sabía que iba a morir. Estaba duchándose cuando en el piso de abajo sonó el timbre. Al bajar las escaleras tuvo un resbalón. Al día siguiente, el propietario llamó a la casa y, como no abría, decidió entrar. Lo encontró sin vida y se dijo a sí mismo que ya no volvería nadie a esa casa. Finalmente, optó por la demolición

Elisabeth Torres 4ºESO- B


     La vida es como una escalera, hay que ir avanzando paso a paso, ya seas músico, pintor, escritor... Tienes que seguir subiendo peldaños sin parar hasta llegar a tu meta.

Alejandro David Ortiz 4ºESO- B


LA ESCALERA

Por tus brazos he bajado,
por tus brazos he subido,
por las partes de tu cuerpo,
que me llevan al destino.

Son varias tus formas,
son varios tus estilos,
son muchas las veces,
que he resbalado y he caído.

                          Carmen Bejarano 4ºESO- B



     Subía y subía, por aquellos peldaños, unos más grandes que otros, mucho más inclinados. Por más que mirara cuanto me quedaba era interminable, al fondo se veía una luz infinita, muy luminosa. El peldaño en el que me encontraba empezó a romperse, me moví hacia el escalón que tenía detrás, este no se movió. Intenté saltar el espacio oscuro que creó aquel peldaño roto, lo conseguí después de un largo tiempo, comencé otra vez a subir, y volvió a ocurrir lo mismo, pero esta vez las escaleras se movieron hacia la derecha y dejé de ver la luz, era todo oscuro, a ciegas volví a avanzar y me encontré con un cartel que me costó leer: 
     "Este no es el camino correcto, vuelve a retroceder".
Pensé que se trataba de un juego, por lo que obedecí y las escaleras se movieron otra vez, llevándome hacia el destello de luz parpadeante, después de seguir avanzando, hallé otro cartel:
    "La vida es como un juego de escaleras, puedes irte por mal camino y dejar de ver la luz, o seguir hacia adelante, hasta llegar a ella".

Estefanía Barroso Guillén 4º ESO- B


       ¡Por fin! Ya ha llegado ese día, el momento de escalar a lo más alto de aquella torre, tanto tiempo esperando para poder poner mis pies en ese inmenso caracol. Millones de peldaños por subir y en cada uno, miles de aventuras y sueños que vivir. Luchas con seres mitológicos, enfrentamientos con poderosos gladiadores, cientos de documentos y libros por descifrar…Tantas cosas por hacer para llegar a la cima y empezar otra vez.
Francisco J. Carvajal 1º Bach.-B

Las escaleras hasta el cielo

    Soy Stephanie, nací en Minnesota y desde pequeña me siento afortunada por haber nacido en mi familia.
    Mis padres siempre demostraron su amor por mí. Las salidas a los parques, viajes a hermosos sitios y besos de buenas noches siempre me hicieron sentir especial y muy querida por ellos. Aun- que amaba mucho a mi madre, con mi padre pasaba más tiempo... Íbamos de acampada, él me llevaba a pescar, jugábamos juntos al baloncesto y el se divertía con mis actuaciones del colegio. Siempre fui su princesa.
    En una tarde de otoño, Tanta alegría fue interrumpida por una carta. La verdad es que no tenía mucha idea de qué trataba este documento, yo era tan sólo una niña pequeña, pero me pareció algo muy serio porque cuando mi madre la leyó, las lágrimas saltaron de sus ojos, su expresión cambió de repente y mi padre intentaba consolarla pero no parecía conseguirlo. 
     Después de esa carta, el afecto entre nosotros pareció crecer, mis padres pasaban más tiempo juntos y mi padre me miraba fijamente a los ojos cuando me daba las buenas noches, como si intentase guardar mi cara para siempre en su memoria. Él abrazaba más fuerte a mamá, a mis hermanos y a mí. 
   Cierto día mi padre me dijo que necesitaba hablar conmigo. Parecía algo importante. Él me sentó sobre su regazo, y me dijo: 
   - Querida Stephanie, papá tiene que cumplir con su deber, debo marcharme para defender nuestra patria. Y a ti te voy a dejar una misión. Cuida a tus hermanitos, llévalos a pasear y enséñales todo lo que sabes. Cuida mucho a mamá, sé obediente y ayúdala en todo y jamás la dejes sola. Yo siempre estaré contigo te llevaré en mi corazón. 
    Dichas estas palabras, mi padre me dio una cajita que tenía dentro una cadena preciosa.
     Al día siguiente, todos nos despertamos muy temprano bajé las escaleras y me dirigí hacia la puerta. Mis hermanos, mamá y yo, llevábamos puesto nuestros pijamas. Mi padre llevaba un uniforme verde de camuflaje un casco del mismo color y una mochila con la misma estampa. Aquello era un escenario de despedida, me acababa de dar cuenta. Primero mi padre abrazó a mis hermanos muy fuerte les dio un beso en la mejilla y les susurró algunas palabras, los dos rieron y asintieron como si tuvieran algo planeado. Luego papá me abrazó, me acarició el pelo y fijó sus ojos azules en mi rostro, me dijo que no me olvidara de lo que hablamos y después de un besito en mi frente me dijo hasta luego, princesa. La última en recibir un abrazo y un beso de papá fue mi madre. Él también le dijo hasta luego, pero el significado de estas palabras parecían haber  cambiado al ver la expresión del rostro de mi padre que intentaba disfrazar sus lágrimas con una sonrisa. Mamá estaba destrozada, ella me decía que estaba todo bien pero sus lágrimas hacían imposible que le creyera.
    Pasaron algunos años  y el "pronto" de papá se hacía eterno. Ya era una jovencita de diecinueve años. Hice todo lo que me dijo mi padre y lo seguía practicando. Mis hermanos eran dos chavales de doce años. Mamá se había acostumbrado con la rutina del día a día. Le escribíamos cartas a papá una vez al mes pero sus respuestas llegaban escasamente. Lo echaba de menos, echaba de menos su sonrisa, sus abrazos, sus bromas, sus chistes, sus historias y sus consejos. Tenía tanto que contarle, él no me vio actuar como protagonista en un teatro que hicimos en la ciudad. Quería contarle todas las cosas que me pasaban.
    Me enamoré de un chico, era adorable, y me recordaba mucho a mi padre. Tenía la piel muy clara, sus ojos eran azules y su pelo negro como papá. Él también me trataba como una princesa, y se convirtió en mi mejor amigo. Meses más tarde ya éramos novios.
    Una tarde de mayo, en casa llego una carta oficial. Nadie la quería abrir ni leer. Mi madre no se atrevía ni a tocarla. Yo la cogí, la abrí, y con mucho temor leí las palabras que allí estaban escritas.
Cuando terminé de leer la carta, todos nos abrazamos y con un sentimiento de dolor intentábamos consolarnos los unos a los otros. 
     Recuerdo que cada escalón que subía para dirigirme a mi cuarto y ahogarme en mi llanto, me traía un recuerdo, eran como los años de mi vida que pasé junto a mi padre. El primero me llevó hasta mi primer viaje a Nueva York con papá, el segundo al campamento en el que él me enseñó a montar en bici... Así fue hasta el último. Cuando llegué a mi habitación, me lancé sobre la cama y entre sollozos y muchas lágrimas, el único deseo de mi corazón, era que la escalera de casa llegara hasta el cielo, para poder subir por ella, abrazar a mi padre y decirle lo mucho que lo quiero.

                                                               Marianne Sousa 4º ESO- B


              Son unas simples escaleras. Yo las utilizo para pintar, para llegar a un tejado y por supuesto para subir a mi casa. Subirlas cansa, pero bajarlas no tanto.

                                                  Agustín Álvarez Gómez   1ºESO-B


Dirección al bus, tomamos unas
Escaleras que son tremendas,
Sucias y con peladuras de almendras.

Al bajar `` pegamos ´´ un saltito chiquitito,
Para entrar en el instituto, reconocido
Por nosotros como el `` paraíso del aburrimiento ´´,
Y para los profesores como zoológico.

Es feo, pero a la vez bonito.
Para subir a las aulas, todos
Vamos por la rampa, un tobogán en el que no nos podemos sentar
Ni tirar.

Nunca vamos por las escaleras,
Porque son muy feas y con el peso
De los libros uno acaba `` rengaíto ´´.


                                                               Laura Madruga 4ºESO- B


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